Especulación con los alimentos

Soy consciente de que no es mi tema, ni seguramente me corresponda, pero si lo escribo, y precisamente es en este medio, porque primero, no tengo otro modo de expresarlo y que tal vez pueda leerlo tanta gente, y por otro lado, porque hay una sección de opinión, que personalmente, me gusta mucho, y en la que mi conciencia me obliga a que escriba para que al menos algunas actitudes económicas no queden impunes ante los ojos de la mayoría de las personas.

Soy lector asiduo, lo reconozco, de algunos medios de contrainformación, algunos más radicales como Kaos en la Red, y otros bastante más moderados, pero no por ellos menos verídicos, como el boletín que elabora la organización ATTAC España, sobre “La burbuja alimentaria”. En palabras llanas, que hasta el precio de los productos agrícolas se determinan por las bolsas de los principales países del mundo. Hasta hace unas décadas, esto no era así, pues los estados tenían los métodos y las políticas reguladoras suficientes, como para establecer un precio digno de los productos alimentarios, que hacían que no estuviesen pendientees de las fluctuaciones de los mercados, pero es que hasta en lo más básico, la alimentación, está metida la especulación.

Sobre esto nos habla Kaufman en el reportaje ‘La burbuja alimentaria’, y explica un elemento clave en la evolución de los mercados de futuro, y consecuentemente en los precios finales de los alimentos: la llegada de los fondos de inversión a estos territorios. «La historia de la alimentación tomó un giro siniestro en 1991. Ese año Goldman Sachs decidió que el pan nuestro de cada día podría suponer una excelente inversión. Con su acostumbrado cuidado y precisión, los analistas de Goldman se dedicaron a transformar los alimentos en concepto. Seleccionaron ocho productos primarios mercantilizables y elaboraron un elixir financiero que incluía ganado, café, cacao, maíz, porcino y una o dos variedades de trigo… que a partir de entonces se conoció como Índice de Materias Primas de Goldman Sachs. Desde la innovación de Goldman, miles de millones de nuevos dólares han aplastado el suministro y la demanda reales de trigo».

En definitiva, un banco de inversiones rescatado con fondos públicos, ha conseguido aumentar en 250 millones el número de hambrientos en el mundo. Desde luego una cosa hay clara, si se quiere reformar el sistema financiero, creo, bajo mi opinión y la de muchas personas, que se ha de empezar por ahí.

Me parece de verguenza que hasta lo más básico, como la alimentación, sea motivo de especulación, y creedme que en cuanto lo leí, como ya he dicho al principio, necesitaba escribirlo aquí.

Angel José Caballero Caballero

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